APRENDIZAJE EMOCIONAL Y SOCIAL

Introducción.

El aprendizaje emocional y social es la formación del carácter y de las habilidades personales para vivir de manera plena y eficaz a nivel personal y relacional. Desarrolla en los estudiantes competencias que integran habilidades, actitudes y conductas para manejarse de manera eficiente y ética al enfrentar las tareas y desafíos diarios. Estas competencias de carácter psicosocial se pueden clasificar en 6 habilidades fundamentales que pueden ser enseñadas de diversas maneras y en distintos contextos. Estas son las habilidades de conciencia de sí mismo, de autoregulación, de autogestión, de empatía social, de relación interpersonal y de toma de decisiones. Estas competencias se entretejen, condicionan y potencian unas a otras.  Es frecuente que los niños, niñas y jóvenes presenten un desarrollo disarmónico en ellas, lo cual  puede estar determinado por dificultades en el desarrollo, contextos familiares conflictivos, fallas en el modelaje por parte de los adultos, fallas en los estilos de socialización, problemas derivados de conflictos, ansiedades y/ o necesidades psicosociales no resueltas. Un contexto familiar y escolar favorable acompaña al desarrollo evolutivo individual para que se vayan creando en los jóvenes permanentemente nuevas capacidades socioemocionales y cognitivas y con ellas, un mayor repertorio para adaptarse a la realidad y con ello cargar el equipamiento psicosocial necesario para funcionar en la realidad.

En términos generales ¿Cómo se puede promover en los hijos estas competencias?:

  1. Entender que los hijos son como una crisálida en transformación o una mariposa que recién abre las alas. Necesitan comprender la realidad, comprenderse a sí mismos y sus experiencias, atreverse a ser la persona que son y actuar en la realidad con una identidad validada. Como personas individuales que son, tienen un mapa de realidad propio que orienta su funcionamiento, podemos ayudar a enriquecer ese mapa, pero el mapa les pertenece a los hijos. La labor de los padres es ir reconociendo ese mapa, conocer sus calles y lógicas de tránsito.
  2. Dar oportunidad de probarse favoreciendo experiencias al alcance que impliquen aplicarlas, dando espacio y libertad a los hijos para desenvolverse y eventualmente equivocarse y luego dialogar de manera reflexiva sin intentar imponer un punto de vista
  3. Mantener un continuo dialogo reflexivo y emocional sobre sus experiencias, el contexto y la realidad, de manera de ir desarrollando un criterio para comprender cómo actuar y por qué hacerlo de determinada manera.
  4. Usar la regla de oro de “actuar y tratar a otros como nos gustaría que lo hicieran con nosotros”.
  5. Ejercer modelaje de esas habilidades en situaciones de la vida cotidiana.
  6. No actuar con ansiedad si una habilidad no está presente en el comportamiento de los hijos. No criticar, castigar ni invalidar a los hijos haciéndolos sentir incompetentes o inadecuados mediante comentarios devaluadores frente a un actuar inapropiado  a la falta de habilidad en un área de su funcionamiento personal o interpersonal.
  7. Compartir experiencias personales, sus consecuencias y aprendizajes involucrados.

 

Algunos consejos prácticos para promover estas habilidades en la vida diaria y en la interacción con los hijos.

Habilidades de conciencia de sí mismo.

Se refiere a la habilidad para reconocer de manera precisa las emociones, pensamientos y valores propios tomando conciencia de la manera como influencian la conducta. También implica poder evaluar correctamente las propias fortalezas y debilidades con un sentido de autoconfianza y optimismo.

Como promoverlas en los hijos: mantener frecuente diálogo emocional, evaluar el día y conversar con los hijos sobre lo vivido, modelar  una actitud de introspección e invitar a tenerla. Hacer evaluaciones pre y post frente a propósitos o acciones para conseguir un objetivo. Tener el hábito de expresar o invitar a explorar los motivos o necesidades que inspiran los comportamientos o decisiones de cada uno. Dialogar sobre los momentos positivos, sorprender al hijo cuando está haciendo algo  bueno y mostrárselo y valorar los esfuerzos realizados, contribuye a desarrolla una conciencia positiva de sí mismo. Ayudarles a no sentirse disminuidos ni atemorizados frente a errores cometidos, evaluando el propósito positivo que inspira la acción y también ayudarlos a que asuman la parte de su actuar que contribuye a un determinado resultado negativo o problema.

Habilidades de auto regulación

Tienen que ver con la habilidad de regular las propias emociones, pensamientos y comportamientos, modulándolos de manera apropiada en diferentes situaciones.  Implica manejar el estrés de manera efectiva, controlar los impulsos y seguir adelante en situaciones frustrantes.

Cómo promoverlas en los hijos: modelar con el ejemplo, practicar técnicas de respiración y serenamiento, postergar la resolución de un problema si estamos alterados, hablar con el hijo de lo que le pasa o de lo que le pasó intentando reconstruir el cuadro desde distintas perspectivas, centrándose en su necesidad.  Enseñar a focalizarse en descubrir y conectarse con  lo que se siente. Tratar de siempre ir al motivo válido de cada emoción intensa. Imaginarse cómo le gustaría resolver una situación emocional de manera positiva, imaginarse las razones y motivos válidos de las personas para actuar de las maneras que nos afectan. Proponerse actuar de manera serena, sin gritar, sin alterarse, hablando en tono tranquilo y neutro, sin críticas ni reproches. Frente a una situación difícil o desilusión,  ayudarles a pensar “esto también pasará” o “podría ser peor”, mirando oportunidades por delante. Para no sentirse sobrepasados, promover filosofía de hacer o resolver una cosa a la vez, dividir los problemas en partes. Mostrar optimismo frente a los problemas centrándose en las fortalezas, oportunidades y en aquello que podemos hacer en vez de en aquello que nos detiene.

Habilidades de autogestión

Capacidad de funcionar a partir de propósitos significativos con los que la persona se compromete. Implica la habilidad para establecer y trabajar por metas u objetivos, pudiendo desarrollar estrategias para conducirse al logro de estos objetivos y al cumplimiento de los compromisos o responsabilidades que implican. Tiene que ver con la autoeficacia, la automotivación y la autodisciplina.

Cómo promoverlas en los hijos: invitarlos a hacerse una lista de propósitos y modos de alcanzarlos paso a paso,  identificando actitudes que podrían impedir lograr sus metas, incentivarlos a crear hábitos funcionales: por ejemplo dejar las cosas siempre en un mismo lugar, estudiar o hacer ejercicio siempre a la misma hora. Pensar en el tipo de persona que quieren ser y por qué es importante para ellos ser así. Invitarlos a dedicar tiempo a sacar una tarea sin permitir que otros intereses les interfiera;  invitarlos a pensar “Si otros lo han logrado por qué no yo”. Desarrollar un plan B por si las cosas no resultan, valorar ser constante, coordinarse con otros, comprometerse mutuamente a algo para tener que rendirle cuenta de nuestra parte a otros.

Habilidades de empatía social.

Habilidad para empatizar y tomar la perspectiva de otros, incluyendo la de personas con opiniones, culturas o marcos de referencia distintos. Supone la habilidad para comprender las normas éticas asociadas a las conductas esperadas socialmente. Implica además comprender y responder apropiadamente a los distintos roles que involucra participar de la vida social, académica, familiar  y comunitaria. También supone la capacidad de comprender a las personas más allá de sus comportamientos manifiestos, conectándose con las necesidades, motivaciones o temores asociadas a éstos y pudiendo relacionarse dialogar con los demás integrando estos aspectos.

Cómo promoverlas en los hijos: Conversar con personas de otras culturas, estudiar otras culturas. Relacionar las reglas de la casa con creencias arraigadas en la cultura familiar y la tradición ética de la familia. Pensar en los roles que nos toca desempeñar y como nos gusta que otras personas actúen cuando desempeñan esos roles; pensar siempre en las necesidades que inspiran los actos de cada persona, diferenciando la conducta de la persona.  Promover la regla de oro, trata a los demás y actúa como te gustaría que te trataran y actuaran contigo. Ponerse en “los zapatos” de la otra persona, intentando tomar conciencia de cómo ve el mundo, los desafíos que enfrenta y las necesidades que debe tratar de resolver. Descubrir el lado bueno de cada persona y de los distintos estilos de personalidad.

Habilidades de relación interpersonal.

Habilidades para establecer y mantener relaciones interpersonales sanas y consideradas, con diversos individuos y grupos. Supone la habilidad para conectarse con los demás, comunicarse claramente, escuchar con interés, cooperar con otros, actuar con asertividad para expresar claramente las propias opiniones y necesidades resistiendo la presión social inapropiada, negociar constructivamente en situaciones de conflicto y buscar y ofrecer ayuda cuando es necesario.

Cómo promoverlas en los hijos: Modelar el desarrollo hábitos de respeto, reconocimiento y valoración de otros, siendo considerado en cuidar los detalles en nuestras relaciones, desde el saludo, la manera de dirigirse a las otras personas en el tono y el modo de hablarles.  Evitar la crítica de otras personas y en especial en la relación con los hijos. Dar reconocimiento por lo bueno, valorar el aporte de las otras personas y hacer sentir a los demás importantes para nosotros.  Establecer espacios para conversar, acordar reglas para comunicarse (sin criticar ni juzgar, sin interrumpir, ponerse en el lugar del otro, prestar atención plena, intentar entender en profundidad con preguntas o comparaciones metafóricas). Cultivar una relación de cooperación en la vida familiar, dando responsabilidades que dependan unas de otras. Promover un equilibrio entre mantener relaciones positivas y a la vez cumplir nuestras metas o necesidades, buscando resolver los conflictos o diferencias de manera ganar- ganar, intentando conjugar las necesidades de cada uno de manera cooperativa.

Habilidades de toma de decisiones

Habilidad para realizar elecciones constructivas haciendo una evaluación realista de las consecuencias de diversos cursos de acción analizando los pros y contras,  incorporando parámetros éticos, derechos y necesidades de los demás y propios involucrados, e incluyendo consideraciones de autocuidado en los comportamientos personales e interacciones sociales.  Supone atención al bienestar propio y de los demás. Incluye habilidades de análisis de situaciones, estrategias de identificación, evaluación y resolución de problemas. También implica la habilidad de responsabilidad ética.

Cómo promoverlas en los hijos: Dar la posibilidad de elegir entre alternativas, ayudar a pensar las situaciones y actitudes de los hijos en términos opciones, evaluando las consecuencias positivas y negativas que pueden tener, su importancia y su probabilidad de ocurrencia. Definir temas no negociables, negociables y de definición individual, permitiendo el ejercicio de la libertad individual en un contexto demarcado. Mantener el centro de gravedad de la toma de decisiones en los hijos, teniendo actitud de facilitador, acompañando el proceso personal de tener experiencias. Pensar juntos y abordar diversas situaciones difíciles o que generen tensión con estrategias de resolución de problemas: cuál es el problema, por qué se produce, soluciones posibles, intentar, evaluar soluciones intentadas, adaptar soluciones. Reflexionar sobre la sociedad en que nos gustaría vivir y la responsabilidad de cada uno en aportar a ella. Pensar siempre la dimensión ética de cada decisión y qué pasaría si todos actuaran de esa manera, para bien o para mal. Cuestionar subterfugios para evadir respuestas éticas frente a situaciones: “no es malo porque todos lo hacen”, “que importa si es tan poco”, “nadie lo va a ver”, “no es ningún delito”, “no perjudico a nadie”, “es un mal menor”, “podría actuar mucho peor”

Conclusiones:

Desarrollar de manera equilibrada estas competencias es una fortaleza que habilita a la persona para desempeñarse de manera efectiva y realizada en la vida social y laboral, y en especial, en sus vínculos emocionales más significativos.

Estas habilidades humanizan a la persona, le permiten tener experiencias de vida significativas, aportan salud mental y son la base de toda relación sana.

El buen funcionamiento de las comunidades e instituciones, el desarrollo personal y la felicidad de las personas y finalmente el futuro de la sociedad,  depende en gran medida de que los individuos alcancen la madurez en estas habilidades psicosociales, ya que permiten generar entornos humanos colaborativos, confiables, promotores, constructivos, inclusivos y solidarios.

Por el contrario, la carencia de competencias de autoregulación, autogestión, empatía social y habilidades sociales genera sufrimiento en la persona y en otros. Las personas sufren las consecuencias de sus propias incompetencias psicosociales,  o bien las incompetencias de su entorno significativo.  En las interacciones de personas que no han alcanzado madurez en estas habilidades, se  suelen  generar ambientes emocionalmente insanos o insatisfactorios, que producen desmotivación, sufrimiento, ansiedad y defensividad, volviendo defensivas a las personas frente a un contexto que le resulta amenazante o poco promotor. Miles de personas sufren de problemas de salud mental, en buena parte porque los contextos formativos e institucionales ejercen mal estas habilidades, y por lo mismo no logran entender las necesidades profundas y los cuidados que requieren, en especial los niños, niñas y jóvenes. A nivel juvenil, podemos concluir que cuando la persona y/o sus contextos presentan falencias en competencias psicosociales, se favorece la deserción escolar, conductas evitativas, consumo de sustancias, aislamiento y suicidabilidad. Los costos emocionales, sociales, económicos y de desarrollo como sociedad que surgen de desatender la formación y el cuidado del desarrollo psicosocial son incuantificables, ya que las patologías de salud mental, la infelicidad e insatisfacción personal, finalmente la soledad, son situaciones que pueden perdurar de por vida.

Estamos lejos aún de tomar conciencia y darle la preponderancia que tiene la formación social y emocional en la formación de las personas. Recién estamos tomando conciencia de la extensión de los problemas de salud mental en nuestra sociedad y que tenemos que hacer algo al respecto. Es responsabilidad de los adultos formadores actuar de manera socio-emocionalmente competente para formar niños, niñas y jóvenes  sanos, con un sentido positivo de sí mismos y de su futuro, con deseos de participar en la construcción de una sociedad justa, respetuosa, que promueva el desarrollo y la creatividad de sus integrantes, que cuide el medio ambiente. Se necesita un cambio de paradigma, desde el foco en la productividad en donde se coloca a  la persona al servicio de proyectos, a poner a la personas al centro de la sociedad y de los esfuerzos humanos, poniendo el foco en lo psicosocial, en  la promoción y el cuidado del ser humano y sus necesidades. Solamente así se favorecerá la realización personal y comunitaria y la expresión del potencial creativo de cada persona. Ese cambio de paradigma debe partir en la familia, pero de manera fundamental, en los contextos educativos, que tienen que hacerse cargo de que educar es formar y formar es promover y educar el desarrollo emocional y social del ser humano.

Bibliografía.

www.casel.org. The Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning.

 

 

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