LA BÚSQUEDA DE LA CONFIANZA Y EL SENTIDO EN MEDIO DE LA INCERTIDUMBRE.

En los últimos meses, como nación y como sociedad hemos enfrentado una de las pruebas más difíciles de nuestra historia. A partir del 18 de Octubre nuestro país entró en una dinámica de cambios a los esquemas establecidos, modificándose mucho de nuestros encuadres de funcionamiento: Importantes tensiones sociales, inseguridad, alteración del orden público, deterioro económico, ansiedad e incertidumbre acerca del futuro. Luego de un ligero respiro dado por el verano, las tensiones retornaron con la entrada de marzo, pero pocos días de iniciado el mes, todo cambió radicalmente, con la aparición de la pandemia de Covid- 19, primero unos pocos casos, pero rápidamente se desató una dinámica de crecimiento exponencial de casos de contagio, con la consecuente alarma pública y medidas de mitigación y contención de su avance.

Cada día vemos como toda nuestra realidad comienza a entrar en un espiral que la succiona  como el agua en un sifón, dando giros para entrar en una salida única que parece absorber todo: la pandemia, como un agujero negro, va capturándolo todo y generando altos niveles de incertidumbre que atraviesan todos los planos de nuestras vidas y de nuestras necesidades más fundamentales: la seguridad o salud física, la seguridad económica, nuestras necesidades de libertad, de socialización, de participación social, de trabajo, de logros y de tener control sobre nuestras vidas. Hemos ido descubriendo que el problema de la pandemia es un problema mayúsculo, y que nuestras autoridades y cada uno de nosotros requiere estar permanentemente “recalculando nuestras respuestas” en la medida que aumenta nuestra consciencia del problema, que recibimos información externa o aparecen nuevas determinaciones de la autoridad que deben ser acatadas.

Para todos, este período ha sido una difícil prueba. Vemos la fuerza de los padres, de los hijos, de los trabajadores, estudiantes, docentes, directivos, autoridades: todo el mundo tratando de responder y adaptarse. El teletrabajo se instaló, y los que no pueden hacerlo siguen cumpliendo con su obligación a pesar de los riesgos que significa circular.

Estamos en medio de una verdadera “lluvia de meteoritos”: miles de exigencias de distinto tipo se nos han instalado en cosa de horas: estar abastecidos para enfrentar la cuarentena, cumplir con las exigencias del trabajo, pero también con las exigencias de los colegios de los hijos, tener los sistemas informáticos operativos, internet, computadores. Arreglárselas para convertir la casa en una oficina, una sala de clases y un hogar al mismo tiempo. Arreglárselas para procesar la información que recibimos como un verdadero bombardeo:  vacunarse, estar atentos a síntomas, tener cuidado del contagio, cuidar a los mayores. Nadie sabe si pudo haberse contagiado o no y así, las tensiones suman y siguen.  Por momentos nuestra mente hace atisbos de imaginarse un futuro inimaginable en el que no hay claridad de cuando se volverá a la normalidad y cómo recuperaremos el funcionamiento social y económico, en el que mucho sufrimiento puede ocurrir a nuestro lado o podríamos tener que atravesar nosotros mismos. La emoción que predomina frente a un mundo que parece desarmarse frente a nuestros ojos es la ansiedad, el temor: ¿Dónde podremos encontrar respiro, un puerto seguro para recuperar nuestra calma, un aire que se pueda respirar, un espacio para seguir viviendo con cierta paz y poder sobrellevar este tiempo?.

 

Encontrar la confianza en medio de la incertidumbre es un desafío primordial, porque es la única manera de disponer de la energía y la fuerza para seguir avanzando en medio de las dificultades y de proteger a los que están a cargo de nosotros. Viktor Frankl, fundador de la logopedia y escritor del libro el hombre en búsqueda del sentido, desarrolló su teoría a partir de sus propias experiencias de sufrimiento en los campos de concentración de Alemania en tiempos del Nazismo, que nos puede dar luces acerca de lograr tener confianza en momentos de incertidumbre. La confianza es un sentido de paz, de fortaleza y optimismo en un entorno en el que no está todo asegurado; ese sentido se alcanza fundamentalmente por tres actitudes o valores que define Viktor Frankl:

 

La actitud de creación; tiene que ver con una actitud creativa, generativa, industriosa; es decir actuar, hacer, realizar nuestras tareas, desde las pequeñas hasta las más importantes. Es responder a las demandas de nuestro trabajo, es hacer aseo, lavar los platos, darle de comer a la mascota. Vernos a nosotros haciendo y respondiendo a lo que la vida, el trabajo o nuestra familia espera de nosotros, nos hace sentir fuertes, capaces, competentes. Frente a un mundo en crisis, al menos en mi pequeño ecosistema, con mi trabajo y laboriosidad logro cierto orden, puedo generar recursos, cuido y mantengo lo que es importante.

La actitud de apertura a la experiencia; tiene que ver con vincularse, con participar, opinar, relacionarse. Tiene que ver con estar abierto a sentir, a conversar sobre lo que sentimos, es dejar que circule la sangre por nuestras venas: emocionarse, escuchar a los demás, resolver conflictos. Es lo contrario de estar congelados. Hoy significa sentir las angustias y conversarlas, contenernos conversando entre nosotros, estar conectados con lo que sienten los demás, en especial los hijos y los mayores, y acogerlos atendiendo a su emoción con empatía.

La actitud de hacer frente al sufrimiento; significa asumir el dolor, tolerar la dificultad y la pérdida de seguridades como parte de los ciclos de la vida. Tiene que ver con ampliar nuestra capacidad de aceptación de la realidad, de nuestras limitaciones, dificultades y problemas, con la lógica de que solo se puede cambiar aquello que es aceptado. En estos tiempos deberemos enfrentar escenarios sumamente desafiantes: el confinamiento, limitaciones económicas, de circulación, de espacios, de límites. Muchas renuncias tendremos que ser capaces de asumir, y duelos pequeños o grandes, asociados a los cambios que traerán estos tiempos. Si asumimos la actitud de hacer frente al sufrimiento y aceptar la realidad, no evitaremos el dolor ni la angustia, pero al menos no tendremos el conflicto interno que surge de tratar de evitar lo que está fuera de nuestro control.

 

Si estas actitudes las llevamos a niveles más concretos podríamos sugerir algunos consejos:

 

Fortalecer las redes de apoyo social a través de los medios online. Tener grupos de WhatsApp y chatear con personas cercanas. Realizar video conferencias permite sentir mejor la presencia de la otra persona, ver sus emociones reflejadas no solo en su tono de voz sino también en su cara, en la mirada. Ese contacto se acerca más a una conexión real, y permite una comunicación más profunda, lograr intimidad en la conexión con las personas significativas.

 

Tener una actitud conectada y consistente con la realidad que vivimos. Entender que no se puede funcionar como si estuviéramos en el período de trabajo normal y en el horario normal como si nada hubiera pasado. Tenemos que compatibilizar distintos roles, definir límites, manejar ansiedades, responder a variadas demandas, manejarnos con la tecnología y sus problemas. Asumir que la ecuación es difícil nos permitirá bajar un poco nuestras expectativas y poder “negociar” con nuestros distintos contextos para poder responder a las demandas laborales, familiares y personales de manera equilibrada.

 

Regular nuestras expectativas con los hijos: no se puede esperar que se ajusten a un programa y horario como si estuvieran en tiempos de escolaridad regular. Ellos también están tratando de manejar ansiedades y responder a las exigencias de sus contextos escolares.

 

Cuidar el espacio de encuentro familiar y comunicación, buscando respetar momentos en común, generando espacios de escucha donde puedan emerger ideas, fantasías, ansiedades de los distintos integrantes y estas puedan ser compartidas. La máxima de escuchar antes de hablar es fundamental. Preocuparse de comprender antes de preocuparse de ser comprendido.

 

Regular el ingreso de información a través de noticias de la televisión o redes sociales. Circulan cantidades de videos con testimonios, entrevistas a expertos, recomendaciones, explicaciones científicas, estadísticas, etc. Habría que tener ciertos criterios para procesar esa información: ¿Esta información será realmente cierta?, ¿me sirve realmente, es útil?, ¿me asusta y me paraliza? ¿Me inclina a actuar de manera ansiosa o impulsiva o me activa y me ayuda a tomar conciencia del problema y tener nuevas herramientas para afrontar la realidad actual?, ¿Debería compartirla?, etc. La sobre exposición redundante a noticias que impactan sobre la magnitud del problema ya no responde a la necesidad de información, y puede afectar la salud mental.

 

Reservar espacios para el contacto con uno mismo, y realizar actividades que nos ayuden a fluir y poner nuestra atención y concentración en algo que nos motive e intereses: música, manualidades, cocina, jardín, lectura, meditación. Es “bajarse del mundo durante un rato” para encontrar nuestro centro, recargarnos de serenidad.

 

Buscar espacios de entretención en familia. Ver películas juntos, armar rompecabezas, juegos de salón, naipes, cocinar en familia, son recursos para “cambiar de canal” un salirse del espacio de realidad que despierta ansiedad. Tiene que ver con la tendencia lúdica de las personas. Los niños pueden ser nuestros profesores en esto.

 

Tener la capacidad de esperar lo inesperado. Significa que por un lado nos preocupamos de conducir nuestra vida y decisiones a corto y mediano plazo frente a la contingencia, realizando el trabajo consciente de procesar cursos de acción, proyectando posibilidades a través del análisis hipotético deductivo. Implica pensar opciones con sus pros y contras, ver cuán probable es que ocurran las consecuencias positivas o negativas probables de distintos cursos de acción. Pero por otro lado, tener una actitud de apertura a que la realidad diga otra cosa, tratando de tener planes B para afrontar cambios a lo esperado. Resistirse no nos permite fluir, al contrario, nos deja detenidos o paralizados. Esto puede ocurrir con situaciones menores hasta otras complejas, desde que falló el internet o el computador, hasta situaciones en las que aparecen obstáculos o dificultades inesperadas en el ámbito laboral, de estudios, o una meta muy importante.

 

En síntesis, la confianza en medio de la incertidumbre es una emoción que se construye en el presente, se alcanza sumando estos ingredientes, pero en especial en el encuentro con el otro, nuestros otros, en el aquí y el ahora, alimentándose de los buenos momentos compartidos.

 

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