LAS HUELLAS DE LA PANDEMIA.

Estamos viviendo un tiempo tan especial como histórico. Ya nada es como solía ser. Es como si estuviéramos viviendo a medio camino entre el sueño y la realidad. Como si se hubiera abierto o instalado en nuestra historia personal y colectiva, organizada por un pasado y un futuro relativamente predecible, una nueva versión, una historia paralela que va por otro canal: es como subirse a un bote sin los remos, o con un solo remo: se aleja de la orilla y estamos tratando de volver al muelle, pero nos cuesta mucho, toma más tiempo del que pensábamos, los esfuerzos cunden poco, nos acercamos pero siempre falta, estamos tan cerca pero no nos alcanza el brazo para aferrarnos a algo firme que nos devuelva a donde deberíamos estar. Así es con la pandemia. Se suponía que eran tres meses como máximo y todo iba a pasar y volver a la normalidad. Ahora estamos en un momento similar al cruce de un desierto, no podemos volver atrás, el camino es largo, hay que encontrar el paso y resistir. Sin embargo, avanzar tiene costos. En el ámbito de la salud mental vamos haciendo uso y consumiendo nuestras reservas de resiliencia: de paciencia, de tolerancia al estrés, a la monotonía, al encierro. El trabajo se multiplica, las tareas no esperan, las demandas de hijos, trabajos, el esfuerzo por mantenernos “sanitizados” o a salvo parecen no darnos respiro. Nos movemos en medio del temor a enfermar, el aislamiento, la pérdida de espacios de relajación o descompresión, lo incierto del futuro, las nubes negras de las crisis económicas que se anuncian a los cuatro vientos. ¿Enfermaré?, ¿enfermarán los que quiero?, ¿será grave?, ¿tendré estabilidad en mi trabajo?, ¿podré responder económicamente a mis compromisos?. Vemos que cada integrante de la familia hace su mejor esfuerzo por cumplir, intenta seguir adelante con su vida en medio de la frustración. Y cada uno utiliza sus recursos.

Cuando los factores de riesgo o de estrés superan los recursos de la persona para gestionar una adecuada satisfacción de sus necesidades, se ve afectada su salud mental. En este caso los recursos, internos o externos, no están disponibles, no son suficientes para sostener, compensar o neutralizar el estrés involucrado. Se genera un impacto en la personalidad en distintos niveles, afectando la vida social, emocional, el funcionamiento cognitivo y la adaptación en general. Se experimenta un sentido de indefensión, un malestar significativo cargado de frustración y miedo, un sentido de impotencia, una pérdida de sentido o significado, dolor, rabia, soledad, inseguridad.

Con respecto a la calidad de vida psicológica de la persona o su salud mental, podríamos considerar tres dimensiones que afectan el bienestar psicosocial. Los cuadros clínicos o trastornos psiquiátricos (depresión, ansiedad, trastorno de alimentación), las condiciones de salud mental (niveles de malestar emocional asociado a frustración de necesidades psicosociales, rasgos de personalidad que empeoran la calidad de vida, estilos cognitivos pesimistas, etc) , y los contextos relacionales disfuncionales, que contribuyen a generar malestar emocional crónico, inseguridad o gatillan enfermedades mentales (violencia intrafamiliar, alcoholismo, comunicación destructiva con criticismo e inculpación). Bajo la situación de pandemia, y sus condiciones de restricción, inestabilidad e incertidumbre, los cuadros pueden agravarse intensificando su impacto sintomatológico. Dado que el aumento de la frustración de necesidades genera malestar emocional y estrés crónico y creciente, se deterioran las condiciones de salud mental, y se rigidizan e intensifican los contextos relacionales disfuncionales para la salud mental incrementándose el impacto negativo de las pautas relacionales sobre el bienestar psicológico de los individuos.

La condición actual afecta distintas dimensiones de la personalidad y a distintos niveles, genera sintomatología y reacciones diversas, y tiene efectos acumulativos si la situación se prolonga en el tiempo. (1) Por ejemplo, en el nivel cognitivo puede afectar la capacidad de concentración, de propósito y persistencia, de organización, efectividad y eficiencia, afectando la capacidad de planificación y facilitando conductas erráticas. Estos funcionamientos deterioran los sentimientos de logro y autoeficacia. En el nivel emocional puede generar labilidad emocional, vulnerabilidad al estrés, disminución del control de impulso, ansiedad flotante, favoreciendo cuadros con sintomatología ansiosa y depresiva, funcionamientos impulsivos, irritabilidad, pérdida de seguridad, temor y sentimiento de incertidumbre que genera malestar emocional crónico. En el nivel social, si bien en un principio aparece mucho interés por relacionarse, con el correr del tiempo, bajo la restricción de contactos y la distancia social, se puede ir produciendo una tendencia a la introversión, a la disminución del contacto con otros o repliegue, empobreciéndose la vida emocional asociada a la experiencia social, generándose sentimientos de soledad.

El impacto de las experiencias de restricción e incertidumbre actuales con sus estresores psicosociales sobre la salud mental escolar será diferenciado según el nivel de resiliencia de cada estudiante y su vulnerabilidad psicosocial. La vulnerabilidad psicosocial tiene dimensiones internas y externas. En cuanto a dimensiones externas, personas en condiciones de pobreza, falta de herramientas educativas, exclusión social, hacinamiento, falta de redes sociales, se encontrará en una condición de vulnerabilidad, dado el contexto que está viviendo y en el que se ha desarrollado. En su dimensión interna, la vulnerabilidad psicosocial se puede considerar como la disposición interna de una persona a verse afectado o dañado por determinadas experiencias vitales que atentan contra sus necesidades, intereses o bienestar. Esta situación tiene que ver con aspectos temperamentales tales como la vulnerabilidad a los afectos y al estrés, la intensidad de los impulsos, y aspectos de personalidad relacionados con la capacidad persistencia, aceptar la realidad y adaptarse a ella, creatividad y flexibilidad para buscar soluciones y alternativas, y de este modo gestionar la satisfacción de sus necesidades. Cuando hay limitaciones en estos rasgos o funcionamientos es mayor la vulnerabilidad psicosocial.

Para abordar estas situaciones relacionadas con la salud mental, se debe promover habilidades para gestionar el propio bienestar, protegiendo y promoviendo la satisfacción de las necesidades socio emocionales. La labor de los adultos, sean padres, docentes o equipos de salud mental, es ser facilitadores de salud mental apoyando el esfuerzo del estudiante por equilibrar sus necesidades psicosociales: promover y ayudar a crear contextos que los hagan sentir seguros, responder a sus necesidades de contención de sus ansiedades, aportar con contextos de aprendizaje y familiares que sean responsivos, flexibles, adaptadas a las posibilidades del momento en los que se deben bajar temporalmente expectativas, dando la posibilidad de experimentar logros a pesar de estar bajo fuertes interferencias,  favorecer momentos de comunicación y acompañamiento para favorecer el sentido de pertenencia, ser flexibles para liberar el sentido de opresión, o asfixia que produce una situación crónica de restricción, frustración de necesidades y limitación de libertad. Y por último aportar contextos que incluyan experiencias lúdicas, de humor y movimiento que mantenga el ánimo en alto y un sentimiento vital y optimista.  La intervención de los adultos facilitadores debe dirigirse a proteger al estudiante, reduciendo riesgos físicos y sociales, ayudarles a generar nuevas habilidades y capacidades sociales y emocionales para lograr satisfacción de sus necesidades bajo el contexto de distanciamiento social. Es responsabilidad de los adultos en especial, generar contextos relacionales sanos, flexibles, con exigencias realistas y progresivas, respetuosos del estado emocional de los estudiantes y promotores del desarrollo al estar centrados en las necesidades de éstos.

Promover la salud mental a nivel escolar.

Los docentes tienen actualmente un papel trascendental, que va mucho más allá que enseñar vía remota, evaluar, y tratar de dar continuidad al año escolar.  Hoy las familias y los estudiantes enfrentan situaciones complejas, de ansiedad, dificultad en la administración de recursos físicos y económicos, temor a lo que puede ocurrir e incertidumbre de distintos tipos: económica, laboral, financiera, etc. Todas estas tensiones repercuten en el proceso de enseñanza aprendizaje y de algún momento son absorbidas por los docentes en su contacto con los alumnos. Llevar adelante la escolaridad desde la casa presenta incontables desafíos, que van desde el acceso a internet, computadores, espacios físicos para realizar actividades o videoconferencias, dificultad de acceso a textos, etc. El docente consciente de estas barreras, intentará orientar a sus estudiantes para acceder a los sistemas en línea exitosamente, al tiempo que ajusta y reorganiza su currículum de aprendizaje y las actividades concretas asociadas. Del mismo modo tendrán que poder contener a los estudiantes generando espacios de acogida y diálogo emocional para aportar a su estabilidad, involucramiento y participación.  El contacto con padres, con el equipo de psicología y orientación permitirá realizar un acompañamiento personalizado para algunos estudiantes. Ser y dar las facilidades para estar accesible, mediante teléfono o correo, brinda confianza y apoyo tanto a los estudiantes como a los apoderados.  Es importante ayudar a los padres a entender que deben bajar las expectativas de rendimiento, ritmo y calidad desempeño académico debido a que el contexto actual genera confusión, ansiedad y temores que interfieren la capacidad de aprender. Al final los profesores contribuyen a apoyar a las familias, los padres y los estudiantes a sentir mayor seguridad y estabilidad frente a momentos altamente inestables. Los docentes deben priorizar que a través de sus actividades de grupo o individuales, se promueva la satisfacción de necesidades psicosociales fundamentales para el bienestar emocional y social. Esto hace que los estudiantes se sientan vistos y considerados. Congregando al curso logra generar un sentimiento de pertenencia, apoyo y compañía. Dando tareas compartidas fomenta la cooperación y la interdependencia, haciendo más posible cumplir con metas académicas y alcanzar logros de aprendizaje. Resulta de gran importancia tener una mirada psicopedagógica en el momento actual, que incluya las necesidades del estudiante y sus reacciones de ansiedad, estrés, pasividad, evitación u otra problemática, como parte del proceso de enseñanza aprendizaje, integrándolo a la planificación, a la didáctica y a la interrelación, y no como una falla del alumno. Se sugiere transitar desde un momento de diagnóstico de la necesidad de cada alumno a entender cuál es camino para cada uno.

A nivel de equipos directivos, el rol frente a la pandemia tiene que ver con entender primeramente que la estabilidad emocional y social son fundamentales para construir experiencias de aprendizaje. En la medida que la salud mental se ve afectada de manera progresiva, en distintas dimensiones y con distintas expresiones, no es posible pensar en seguir adelante sin construir una respuesta a esta variable central de la estabilidad y funcionamiento de los estudiantes. Un plan para promover la salud mental escolar bajo contexto de pandemia, debe considerar medidas de apoyo y contextos educativos que en su propuesta incluyan intervenciones en los tres niveles

  1. Propuestas pedagógicas para responder a las necesidades de estudiantes con trastornos psiquiátricos.
  2. Propuestas para apoyar a los estudiantes que ven afectada su salud mental sin ser portadores de un trastorno psiquiátrico: en este ámbito es necesario tener ideas claras sobre la realidad emocional que atraviesan, las tensiones que viven, el impacto que han tenido las restricciones prolongadas a sus necesidades psicosociales, el contexto de incertidumbre, el miedo a la enfermedad y a la inseguridad financiera. Existen intervenciones universales que beneficiarán a todos los estudiantes promoviendo la salud mental, tales como herramientas para lidiar con el estrés y el pesimismo. Además, se debe responder a situaciones más específicas de deterioro de la salud mental, para estudiantes que han visto afectado su ánimo, se muestran ansiosos, irritables. En este caso se debe proveer a los estudiantes contextos seguros responsivos y además brindar herramientas para contactarse con sus emociones, comunicarlas y expresarlas de manera constructiva. También pueden existir situaciones agudas gatilladas por momentos en el que el estrés multifactorial (social, económico, de salud física, de incertidumbre hacia el futuro) supera la tolerancia de los estudiantes: a este nivel podemos estar frente a situaciones impulsivas de intentos de suicidio o conductas de riesgo.
  3. Propuestas para promover modos de relación, estilos pedagógicos, climas relacionales y prácticas institucionales que promuevan relaciones sanas. Aportar herramientas para favorecer la comunicación sana, la resolución constructiva de conflictos, la colaboración, el respeto y la confianza, facilitará ambientes promotores del desarrollo y la salud mental.

Los directivos pueden utilizar encuestas cargadas en plataformas informáticas para recoger información que les permita calibrar y ponderar la situación que experimentan los estudiantes y sus familias, determinando los niveles de interferencia que la situación actual ha generado, de manera de graduar las exigencias y expectativas de rendimiento y resultados de manera realista acorde a las posibilidades y energías disponibles para responder a las demandas académicas. Estas encuestas pueden explorar los hábitos diarios de los estudiantes, cómo es vivida la educación a distancia, las necesidades de los estudiantes con respecto a las propuestas de aprendizaje, el contexto en el hogar en el que se da el aprendizaje en línea, el estado de la sociabilidad, los niveles de bienestar en cuanto el estado emocional percibido por los estudiantes y la percepción de disponibilidad de apoyo social de pares, adultos formadores o familiares (2). Tener información sobre la situación actual experimentada por los estudiantes y sus familias puede permitir diseñar de mejor manera los planes pedagógicos y también desarrollar propuestas en el ámbito de la orientación, la psicoeducación y otras intervenciones preventivas que promuevan la salud mental y disminuir el estrés en la vida familiar. En estos tiempos de demandas excepcionales, es fundamental también que los directivos escolares brinden apoyo, reconocimiento y valoración a los docentes, velando por el autocuidado y cuidado de los psicológico y emocional de los equipos docentes enfrentados a demandas y necesidades de los alumnos y al mismo tiempo manejar las contingencias de la vida personal bajo las restricciones actuales.

Promover la salud mental a nivel familiar

Estamos enfrentados a una situación que nos confronta con la imposibilidad de cambiar el panorama y la realidad, nos lleva a atisbar un futuro distinto, incierto, inquietante. El estrés de la incertidumbre, la necesidad de ir recalculando renegociando permanentemente nuestras expectativas, la imagen especulativa de lo que vendrá a futuro nos genera gran tensión. Bajo este contexto hay que ir redefiniendo de manera recurrente los horizontes temporales, los contextos imaginados como posibles y las expectativas. Para seguir adelante sin perder la salud mental, se hace necesario ir negociando internamente con nuestras expectativas, e ir cediendo internamente espacios, tiempos, recursos, y cosas a las que estamos apegados.

Nos vemos demandados a:

  • Manejar la ansiedad flotante.
  • Manejar la tensión de la multitarea.
  • Modificar nuestros estándares de rendimiento.
  • Enfrentar cambios radicales en las condiciones de vida, recursos económicos, hábitos, ejercicio de libertades.
  • Vivir en peligro de contagio y su efecto “dominó”: ( “ me contagio”, “te contagio”, “nos contagiamos”, con todo lo que esto podría implicar.
  • Elaborar múltiples duelos a distinto nivel. ( distancia de seres queridos, amigos, pérdidas económicas, suspensión de proyectos, el futuro en “stand by”.
  • Soportar estrés de confinamiento por falta de espacio.
  • Manejar la culpa de la ineficiencia.

 

Frente a estas múltiples tensiones y exigencias adaptativas, se requiere una gran capacidad de procesamiento emocional, adaptación, desarrollo y ejercicio de recursos personales. Los recursos son disposiciones internas que ayudan a sentirnos bien, amados, fuertes o seguros. Tienen mucho que ver con la confianza y un sentido positivo de la propia vida y del futuro. Es una suerte de confianza básica, que se construye sobre la base de una relación positiva consigo mismo. Esta disposición se expresa en actitudes o roles facilitadores en el afrontamiento de la realidad. Dentro de los roles y actitudes facilitadoras están los comportamientos empáticos mediante actitudes de escuchar activamente y “leer emocionalmente” a los demás integrantes de la familia, acogiendo las emociones de ansiedad e irritabilidad sin responder con enfado, sino intentando entender la experiencia emocional en curso. También es facilitador del proceso el rol protector o promotor de autocuidado, el tomar iniciativa para mantener hábitos de higiene para la evitación de contagio en la familia, expresado en promover el distanciamiento social de manera activa. Ser primera línea en la casa es otra actitud muy necesaria, tomando iniciativa de cuidar, apoyar, trabajar por el bien y necesidades de todos (trabajos cotidianos, aseo, compras, preparar comidas, ordenar). Otros roles y actitudes tienen que ver con dar confianza, alimentar la paciencia, distraer y distender, ser creativo, para encontrar algo nuevo dentro de lo rutinario, solucionar los problemas de maneras inesperadas y novedosas. Es importante entender que para lograr un equilibrio emocional se deben buscar maneras de que las necesidades psicosociales estén resueltas en algún grado. En este sentido, no conviene irse a los extremos, ya sea de ser muy estricto con las medidas de distanciamiento y prevención que terminan asfixiando emocional y socialmente y generando ansiedad e irritabilidad crecientes, pero tampoco desplazarse al extremo de la flexibilidad y la negación, pensando que no se puede vivir en torno a la enfermedad todo el día y que por eso hay que hacer como si no existiera. Para hacer frente a esta realidad que nos toca asumir y favorecer la salud mental de nuestros cercanos y familiares, nos vemos desafiados a asumir estas actitudes o roles facilitadores. Es más urgente que nunca mantener una actitud empática y de trabajo en equipo, en términos de entender al otro, distribuirse tareas y responsabilidades y cumplir cabalmente con ellas.  Asumir un relativo liderazgo en la familia significa comenzar a ser, con las propias actitudes facilitadoras, un recurso para los demás (3). Alguien que logra alimentar de energía a la familia, aportando apoyo, seguridad, sentido o funcionalidad. Esto favorecerá un clima emocional positivo, evitando el desgaste o “burnout” de integrantes que tienden a asumir más el peso de las tareas cotidianas o responsabilidades de la familia. El desafío es abrirse a la experiencia y convertirse en recurso para los demás, descubriendo las oportunidades que emergen de esta situación. En términos de sugerencias más concretas puede ser facilitador:

 

  • Hacer lo posible por adaptarse a un nuevo escenario relacional, laboral, social, emocional y escolar que va a permanecer un tiempo relativamente prolongado.
  • Ser realista y centrarse en lo importante, saber soltar lo complementario.
  • Entender que la vida escolar y laboral online no es lo mismo que las actividades presenciales, por lo que deben bajarse las expectativas y dejar que el proceso se vaya realizando con la menor interferencia posible.
  • Asumir una actitud activa de gestionar el bienestar personal y de nuestros cercanos, sobre todo de los que dependen de nosotros, intentando contribuir a disminuir es estrés, favorecer la vida social, la comunicación, la diversión, brindar seguridad, libertad dentro de lo posible, hacer sentir a los hijos que son vistos y estamos conectados con ellos.
  • Saber dialogar permanentemente con nuestras emociones y con las de los demás. Leer las emociones y el estado emocional de los que nos rodean.
  • Respetar los estados emocionales de los demás, sin juzgarlos. No centrase ni quedarse pegado en las conductas menos adaptativas que se manifiestan en los hijos o familiares, intentar acceder siempre a un nivel más profundos desde donde emergen estos comportamientos y reacciones.
  • Promover la cooperación.
  • Intentar mentalizar, poner en palabra aquello que sentimos vagamente.
  • Revisar nuestras actitudes, intentando escuchar nuestras frustraciones, pero no quedarse pegados en ellas.
  • Intentar organizarse para disponer de tiempos relativamente prolongados para trabajar concentrados una vez al día idealmente.
  • Evitar escalar frente a situaciones de conflicto, buscando activamente encontrar puntos de encuentro en cuanto a los intereses de todos, validando las necesidades de cada uno.

 

Conclusiones.

 

Las consecuencias de la pandemia en la salud mental serán con seguridad muy significativas, con consecuencias que pueden llegar al estrés post traumático, trastornos del ánimo, trastornos ansiosos, abuso de sustancias, conductas de riesgo, conflictos familiares, de pareja, entre otras. La experiencia actual de contexto de pandemia quedará grabada en nuestras vidas e historias. En cada uno dejará una huella diferente. Lo que hagamos o dejemos de hacer definirá la profundidad del impacto de esta realidad. La huella que deje en cada uno y en nuestro entorno dependerá en buena medida de que asumamos actitudes promotoras de la salud mental a nivel personal y de los que nos rodean, tanto en el plano familiar, social e institucional. Es responsabilidad de las instituciones educativas responder tanto a las necesidades de salud mental de los estudiantes, no solo cuando vuelvan a clases presenciales, sino sobre todo en este período de distanciamiento y restricciones, generando intervenciones que permitan saber interpretar correctamente lo que está pasando con los estudiantes y sus familias y generar respuestas acordes a esta realidad. Esta recomendación es igualmente válida para ser aplicada con los docentes y resto de la comunidad escolar. A nivel familiar, la actual situación es una ocasión invaluable para trasformar las dinámicas familiares hacia relaciones más colaborativas, más empáticas, con mayor presencia emocional, apertura a los demás y compromiso.

 

Bibliografía.

 

  1. Salud mental en situación de pandemia documento para mesa social covid-19. Documento elaborado por académicos y académicas de la U. de Chile con experiencia clínica y en investigación en Salud Mental y revisión de la evidencia científica disponible. Abril 2020.

 

  1. Panorama Surveys. Encuestas para ayudar a la comunidad escolar en tiempos de pandemia. com. Abril 2020.

 

  1. Cómo ayudar a los niños a lidiar con los cambios provocados por la COVID-1. Publicación online. National Association of School Psychologist. (E.E.U.U) Marzo 2020.

 

  1. Leading groups online. © 2020 Daniel Hunter and Jeanne Rewa. Published by Daniel Hunter.

Deja un comentario