VIDA ESCOLAR: EL CAMINO NO ES FÁCIL 3

DESARROLLO Y VIDA ESCOLAR: EL CAMINO NO ES FÁCIL 3.

¿Por qué mi hijo no puede estar en un colegio… como los demás niños?

Puede ocurrir que el estudiante no logre tener la base emocional y funcional necesaria para sostenerse en el sistema escolar regular. Esa base tiene que ver con la autoestima, la confianza en sí mismo, la tolerancia al estrés, la capacidad de manejar emociones complejas y aliviarse, el sentido de control de las situaciones y de capacidad de resolver los desafíos a los que se ve enfrentado.  Esta base emocional debilitada la comparamos metafóricamente como un colchón de camping, que está “desinflado”.  Cuando se duerme en un colchón desinflado no se duerme bien y la persona no recupera fuerzas, todo lo contrario, está cada vez más cansada. Esta base emocional puede estar debilitada por un trastorno psiquiátrico de carácter más estructural o bien un trastorno que se ha activado por experiencias que han resultado difíciles de procesar para el niño o joven.

En estos casos, a veces no es posible para el estudiante mantenerse en el Colegio, no quiere ir, o quiere ir pero no lo pasa bien,  no logra ajustarse, o no logra tener pertenencia a grupos, se puede sentir solo, rechazado, aislado. En todos los casos la experiencia del Colegio conecta al estudiante con un aspecto de sí mismo que no funciona, que se siente como un daño, como un fracaso. Es algo que resulta muy  doloroso de conectar, aceptar o asumir. Cuando se trata de una experiencia de desajuste neurobiológico, ya sea como un estado depresivo, bipolar o de ansiedad aguda, el estudiante no tiene la energía emocional suficiente para conectarse adecuadamente consigo mismo y con el ambiente, no pudiendo adaptarse, su relación con la realidad se hace cada vez más compleja. Esta realidad le impone exigencias a las que no puede responder. Los padres observan el proceso de deterioro psicoemocional de su hijo, y habitualmente hacen grandes esfuerzos por rescatarlo de ese estado. Para los padres es muy difícil manejar esta situación: sienten mucha angustia.  Ven como el hijo no logra adaptarse a las demandas del Colegio, siente que no es capaz de sostener el esfuerzo que se espera de él. Aparece una imposibilidad de seguir. Sacar al hijo del colegio da mucho miedo, es una decisión arriesgada, pero mantenerlo es perpetuar un sufrimiento.

Los padres que pueden tolerar y encausar estos sentimientos mediante la reflexión y la asesoría profesional, logran encontrar alternativas que permitan  seguir avanzando. Para ello, a veces es importante poder postergar los objetivos académicos e incluso sociales, de manera de  centrarse en las intervenciones terapéuticas que permitan al estudiante estabilizarse. Implica también ir bajando al menos momentáneamente las expectativas e ideales.

Hay otro grupo de padres que no logra hacer el duelo, no se rinden a la realidad. Se trata de padres para los cuales resulta extremadamente difícil renunciar a su idea de lo debiera ser la vida de su hijo, sus logros, el cumplimiento de sus metas, sueños o posibilidades potenciales, quedando atrapados en una suerte de expectativa de lo ideal o fantasía de que su hijo tiene una condición de normalidad accidentalmente interferida por factores predominantemente externos, pasajeros, que cediendo permitirán recuperar lo que realmente es y puede dar su hijo.

Enfrentar la realidad de su hijo significa encontrarse con la patología, lo cual muchas veces resulta intolerable,  significa cambiar de idea de sí y de sus hijos, significa perder las esperanzas, una angustia indefinible e insegurizante acerca del futuro.

Hay veces en las que todo lo que hacemos parece no resultar, y lo que esperamos que suceda no ocurre a pesar de nuestros esfuerzos. En esos casos el camino para salir adelante comienza cuando nos “rendimos”, y aceptamos la realidad tal cual es. Esto no significa caer en la desesperanza, sino asumir una actitud de escucha y  aceptación de las reales necesidades de su hijo/a y construir a partir de éstas un camino que le permita repararse y desarrollar su vida de acuerdo a sus posibilidades. La aceptación es la alternativa a lo que se suele hacer, evitar o negar los problemas y necesidades. La aceptación permite entonces dar paso a realizar verdaderas elecciones sobre opciones y acciones más reales, que respondan a la necesidad actual del estudiante, permitiéndole acceder a contextos que potencien sus fortalezas y logros y le permitan avanzar paso a paso, y construir una imagen e identidad positiva. Esta es la mayor fortaleza que los padres pueden promover en su hijo/a, y tienen el compromiso de abandonar todo lo que la afecta y buscar aquello que la promueve. Los padres deben darse permiso para buscar alternativas de solución para el problema del hijo/a que transiten por caminos que no se imaginaban recorrer, alternativas que a veces les pueden parecer una renuncia a cosas intransables, pero que finalmente representan una puerta hacia una libertad nueva, la salida del problema y la entrada a una vida mejor. Esto significa muchas veces postergar la escolaridad para centrarse en los tratamientos psicológicos y psiquiátricos, y buscar opciones alternativas de estudio fuera del sistema escolar regular,  de manera no necesariamente permanente, pero sí mientras el joven necesite un contexto facilitador que le permita hacer una “convalecencia” y sanarse o fortalecerse frente a aquello que le ha afectado, un tiempo para recuperar fuerza y confianza.

 

Deja un comentario