POPULARIDAD Y RECHAZO ENTRE PARES. ¿DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA?

Este artículo es una traducción,  integración y resumen de los textos “Peer Rejection, developmental Processes and Intervention Strategies” Bierman , K . The Guilford Press, 2005 y “Popularity in the Peer System”. Cillessen, A. Schwartz, D.  Mayeux, L . The Guilford Press,. 2011. realizado por Ricardo Musalem

 

INTRODUCCIÓN.

Se dice de que  alguien o algo  es “popular”  para referirse a alguien que es famoso y llama la atención, o bien a  algo que está de moda, que se consume mucho, preferido por la gente, en ámbitos de artes, ideas, modos de actuar, de vestir, cortes de pelo, música, danza. También se usa para hablar del pueblo, de la gente. Por ejemplo se habla del gusto popular o del clamor popular.

En el ámbito de las relaciones entre pares de niños y adolescentes, popularidad se usa frecuentemente para referirse a cuanto una persona es preferida o rechazada por sus pares o cuanto estatus y notoriedad la persona tiene dentro del grupo. La popularidad también es una medida  o índice de la posición del niño en la dinámica del  grupo y puede medirse mediante socio-gramas en los que se registra cuan a menudo un determinado niño es elegido  por los demás. La popularidad tiene que ver con un estatus controversial, alude a jóvenes que son queridos por muchos pero también que le caen mal a otros tantos y que tienen un alto grado de visibilidad entre el grupo de pares.

La persona popular trata de ser un individuo diferente del resto pero a la vez un miembro  central del grupo.  Los niños viven experiencias emocionales significativas frente a pares populares. Muchos sueñan con ser populares o luchan por ello, admiran a los pares que lo son, los envidian, se sienten disminuidos frente a ellos, o entran en competencia, dependencia o sumisión. Esta dinámica tiene que ver con el desarrollo de la propia identidad, en cuanto a la posibilidad de construir una autoimagen positiva, basada en la aceptación de sí, la valoración de las propias cualidades y la elaboración de una identidad propia y diferenciada. Podría decirse que la popularidad y el rechazo son dos caras de una misma moneda, ya que un niño que hoy es popular, puede pasar a ser rechazado más fácilmente de lo que se podría imaginar, dependiendo del contexto, del grupo, de sus actitudes. Los que buscan la popularidad y tratan de sostenerse como populares y los niños rechazados comparten algo en común, una identidad precaria que requiere de los demás para validar su autoestima.

RELACIÓN ENTRE LA POPULARIDAD INDIVIDUAL Y NECESIDADES DEL GRUPO.

La persona popular promueve la dinámica del grupo y recibe un especial estatus por ello. La popularidad como fenómeno solo existe en el contexto del grupo. El grupo como entidad crece y se desarrolla en la medida  que logre metas como la cohesión, la homogeneidad, el cambio y el logro grupal. El grupo premia mediante la popularidad al integrante que ayuda al grupo a cumplir sus metas. Por ejemplo es popular el jugador del equipo que mete muchos goles. Una persona que ayuda al grupo a lograr cohesión, a obtener logros, a enfrentar cambios y desafíos logra popularidad. Dentro del grupo además se desarrollan modelos o prototipos de funcionamiento que son valorados como deseables y que permiten adquirir estatus. Las personas populares tienen o ganan poder en el grupo, ejercen influencia para tomar decisiones, definen tendencias, qué hacer y cómo hacer las cosas.

La dinámica de estatus dentro del grupo tiene que ver con la competitividad, ganar o perder. El estatus de un niño dentro del grupo  tiene que ver con la autoestima contingente a la dinámica social. El reconocimiento de los demás incrementa la autoestima de la persona así como la indiferencia y el rechazo la disminuye.

La persona popular suele ser un individuo fuerte y un componente clave del  grupo. Sirven al grupo a ganar sus metas, tales como cohesión, armonía y evolución.  Los niños populares se afirman a ellos mismos ejerciendo dominio para mantener su poder en el grupo. La persona popular es popular porque el grupo lo erige.

POPULARIDAD, ESTATUS Y ACEPTACIÓN.

La experiencia de pares se asocia a aceptación y amistad con sus componentes de ayuda mutua, agrado, compañía, y mejoramiento de la propia autoestima. La aceptación provee de un sentido de pertenencia y afecto, intimidad y lealtad.

Popularidad no es lo mismo que aceptación.  Un niño puede ser aceptado pero no popular. La aceptación es una experiencia más centrada en una relación más significativa y cercana en la que se pone de promedio el afecto. La popularidad es un fenómeno perceptual. Nos habla de cómo un niño es visto por otro. La popularidad se relaciona con cómo es visto el niño en el grupo, más que el niño en asociación con otros.

El estatus se relaciona al  lugar  de un individuo dentro de una jerarquía estratificada. La persona popular tiene una posición de alto estatus en el grupo. El grupo le permite al individuo popular ejercer poder porque le asigna importancia e influencia a la persona. En ese sentido la popularidad surge como un acuerdo social o convención sobre lo que es valorado por el grupo,  está asociada a la representación de ideales asumidos por el grupo.

ATRIBUTOS Y CAMINOS PARA SER POPULAR.

Según estudios, para los niños, los atributos asociados a la adquisición de popularidad  eran tener habilidades atléticas, tener “onda”, ser rudo, atrevido, relacionarse con mujeres y tener logros académicos. Tener medios económicos ayuda a la popularidad si permite incrementar la onda personal, viajar y tener otras experiencias que desarrollan la capacidad de enfrentar cosas, proyectar seguridad, acceder a experiencias exclusivas, tomar clases privadas.

Para las niñas, la popularidad se debía más al backgroud familiar, a la apariencia física, el desarrollo social  y el desempeño académico. Ser físicamente atractiva, amistosa, fuerte, bien coordinada, perceptiva y brillante, además de provenir de una familia con dinero.

Para algunos adolescentes, la popularidad viene naturalmente debido a que poseen atributos que coinciden con las representaciones locales de popularidad. Otros estudiantes menos afortunados simplemente se enfocan en sus intereses y no se fuerzan a sí mismos a lograr popularidad para sentirse bien acerca de quiénes son. Otros estudiantes en las mismas circunstancias, hacen todo lo que esté a su alcance para llegar a ser populares y así probar su valor como personas. Sin embargo solo unos pocos tienen éxito.

Ser atleta o “cheerlider” en mujeres es una clara forma de lograr popularidad. Ser un atleta destacado es una inmejorable manera de llegar a ser popular. Las actividades que aumentan la visibilidad son una llave para la popularidad. El fútbol, el atletismo, el básquetbol, son medios para ser popular. Ser amigo de un niño popular es una forma secundaria de alcanzar popularidad, pero para lograrlo el niño tiene que estar dispuesto a hacer una serie de cambios en su forma de ser.

PERDER POPULARIDAD.

Estudios acerca de la popularidad en niñas, han demostrado que las niñas populares no siempre caen bien. En ocasiones niñas populares empiezan a perder la popularidad debido a que van dejando de lado o despreciando a antiguas amigas que querían participar de su popularidad o grupo de populares.

La exclusión de la mayoría de las niñas que buscaban popularidad lleva a las populares a ser caracterizadas como creídas o que se sienten superiores por las niñas no populares. Aunque las niñas populares pueden comenzar a caerle mal a sus pares no populares, ser miembro de un grupito de populares es usualmente más que suficiente que mantener alta  la autoestima de una niña a pesar de que le digan creída. La situación se vuelve muy diferente a alguna integrante del grupito de populares es echada del grupo. En este caso no estar entre las populares se vuelve devastador para la popularidad y autoestima.

Para los jóvenes que tiene que hacer esfuerzos por ser populares, tener amigos populares que descubren defectos en ellos, confirman sus propias dudas en cuanto a la legitimidad de su popularidad.

Muchas veces para las populares ser “pesadas” incrementa su éxito social, a diferencia de lo que diría el sentido común acerca de que hay que ser simpático para conectarse con otros.

Hay más niñas o niños que prefieren la atención de niñas y niños populares que los podrían incluir en el “grupito” antes que de niños simpáticos.

Las niñas populares están en un lazo. Si no aceptan abrir el grupo para incluir a sus pares menos populares, serán consideradas como creídas, y su reputación  disminuirá su popularidad. Y si actúan de manera simpática con las menos populares y las incluyen, pierden su sentido de ser especiales. Siendo pesadas, sin embargo, ellas son capaces de usar el poder de su popularidad para intimidar a las niñas que las critican diciendo que son creídas. De este modo ser pesadas es una manera de defender su popularidad. La estrategia de ser pesadas incluso funciona mejor contra compañeras del grupito de populares, echándolas del grupo o rebajándolas, demostrando así lo que le podría pasar a quienes tengan la audacia de criticarlas.

ASPECTOS COLECTIVOS DE LA POPULARIDAD.

Adler describe los pasos de un líder a un grupo de populares  para asegurarse la continuidad de su popularidad. Los líderes utilizan ambigüedad y manipulación para proteger su popularidad.Las estrategias para conservar la popularidad no siempre se focalizan en los potenciales detractores, sino en rivales dentro del “grupito de populares”.  Este autor refiere que cuando un niño popular se asocia con otro, se produce un efecto de sinergia que incrementa su popularidad individual y colectiva. Esta red les permite controlar la popularidad como recurso, instalándose en el grupo con el poder de seleccionar o rechazar a pares como dignos de juntarse con ellos o no.  Las niñas que han tenido que hacer mucho esfuerzo por ser populares se vuelven especialmente agresivas volviéndose pesadas para mantener la popularidad del  “grupito” y la propia. Las niñas populares “naturales” también son pesadas en ocasiones, pero están más inclinadas a ser amistosas hacia las niñas no populares cuando no están en presencia de otras integrantes del grupo de populares. Los conflictos en los grupitos de populares ocurren debido a que los miembros hacen maniobras para mejorar su estatus.

Otra manera de ser popular es monopolizar la relación con alguien muy popular del otro sexo. Andar con el joven o la niña más atractiva incrementa el estatus.

El LADO OSCURO: LOS COSTOS DE LA POPULARIDAD.

Schwartz y Gorman estudiaron los costos de la popularidad. Beber, fumar y tener actividad sexual tienden a ocurrir con mayor frecuencia entre los estudiantes populares.

Es importante considerar que estas conductas tienen una dimensión simbólica, en la medida que sirven para negar su identidad como niños mientras están transitando hacia la adolescencia. Algunos estudiantes se ponen en actitud de abejas reinas y tratan a todos los demás como aspirantes. Tienen conciencia de su poder e influencia y de que aunque trataran a sus compañeros marginales como “basura”, ellos igual seguirán siendo sus amigos y estaría dispuestos a volver a incluirse si los llaman. Según Adler,  los estudiantes populares aprenden que su alto estatus les permite ser gratuitamente ofensivos, antipáticos o hirientes cuando les dé la gana.

En ocasiones los adolescente logran ser popular pagando el costo de transformar su manera de ser de muchas maneras diferentes, debiendo centrarse en ser alguien que no es, por ejemplo en como se ve más que en pasarlo bien, en atraer a los hombres más que en relacionarse relajada, etc. La amistad que facilita la popularidad a veces demanda cambios que transforman la identidad para ser elegible por su alto estatus. Algunos estudiantes buscan desesperadamente ser populares, los aspirantes, están dispuestos a dejar atrás antiguas amistades y lealtades, pagando un alto costo en su propósito. Los aspirantes, ubicados en el lugar más bajo de la jerarquía de estatus del grupo de populares. Basan su identidad en la identificación con aquellos que están sobre ellos. Su autoestima depende de manera importante en recibir las migajas de aceptación  que reciben ocasionalmente al asociarse con los pares populares. No sólo los estudiantes de fuera del grupo se dan cuenta que los aspirantes son manipulados por sus pares populares, los mismos aspirantes se dan cuenta. Un niño expresaba su experiencia de esta manera.  “Con un grupo de populares tu consigues hacer más cosas, jugar más, pasarlo mejor en el recreo. Tu juegas con ellos aunque nunca te den un pase en los partidos de fútbol”. Este relato demuestra que los niños se dan cuenta que los populares lo necesitan para completar el equipo, aunque no tienen interés real en él como para que sea miembro del grupo. Los niños que persiguen obsesivamente la popularidad tienen efectos adversos en su autoestima, identidad y relaciones.

ASOCIACIÓN ENTRE ESTATUS Y AGRESIÓN.

La agresión relacional y la popularidad tienen una reciproca influencia. La asociación negativa entre la aceptación social y la agresión en las relaciones se vuelve más fuerte en la pubertad y adolescencia media. Al parecer hay una correlación entre popularidad y agresión relacional. Ganar popularidad predice un aumento de comportamientos agresivos. (Rose 2004). Es decir, ciertas formas de agresión parecen ser usadas exitosamente por algunos jóvenes para adquirir estatus y popularidad. Los adolescentes agresivos que también tienen altos índices de liderazgo, cooperación y sociabilidad son más populares que los agresivos que no tienen esas habilidades.

Se han descrito tipos de niños populares. Los muchachos rudos suelen ser abiertamente agresivos y atléticos, mientras  que los “niños modelos” igualmente tienden a ser atléticos, pero también prosociales y no agresivos. Ambos grupos eran socialmente centrales, mostrándose que la agresividad abierta y la conectividad pueden ser compatibles.

La agresión puede ayudar a ganar popularidad. La manipulación del grupo de pares, demostraciones de intimidación o de fuerza física, mostrarse deseoso de utilizar la agresividad contra alguien pueden ser herramientas útiles en la búsqueda de estatus. Los niños y jóvenes adscriben poder a los pares que expresan dominancia de manera abierta en sus relaciones porque quieren evitar ser objeto de su próximo acto agresivo.

Los jóvenes populares expresan su poder de manera agresiva como manera de prevenir potenciales amenazas a su poder y autoridad. Además usan la agresividad para contrarrestar amenazas a su posición dominante.

La popularidad puede servir para proteger al joven de las típicas consecuencias de comportarse de manera incorrecta, logrando liberarse de las consecuencias cuando agrede, ya que padres o profesores tienden a ignorar la conducta agresiva de niños populares y se ven menos inclinados a castigar esas conductas cuando las detectan en ese tipo de niños.  Ser popular y tener conciencia de esa popularidad incrementa la agresividad abierta sobre otros.

ASOCIACIÓN ENTRE POPULARIDAD Y  RIESGO ACADÉMICO O CONDUCTUAL.

Schwartz describe una asociación entre la conducta sexual y la popularidad reportada por pares, pero a la vez baja aceptación social reportada por pares, en cuanto a que tener muchas parejas es reportado como asociado a baja popularidad. La popularidad en niños y niñas de enseñanza media se asociaría a mayor uso de alcohol y riesgo de conducta sexual. Fumar incrementaría la popularidad (Mayeaux 2008) en púberes. Ser socialmente aceptado no se asocia con ninguna conducta de riesgo, aunque ser rechazado se asocia a un aumento de conducta sexual en mujeres. El atractivo está fuertemente relacionado con popularidad, no así las calificaciones escolares.

Existirían dos tipos de popularidad.

  1. El populista ( popular pero no socialmente aceptado)
  2. Popular prosocial (popular y aceptado)  Mientras los pares populistas están descritos como desinteresado en lo académico, los prosociales mostraban motivación por el logro académico.

 

La popularidad se asocia con varios índices de riesgo, abuso de sustancias, comportamiento sexual, desinterés académico, mientras que la aceptación social no. Los adolescentes populares se muestran particularmente deseosos de experimentar conductas de riesgo, por su deseo de mantener su estatus dominante sobre los pares. Los populares adolescentes pueden estar muy motivados por mostrarse agrandados, de manera que sus pares puedan verlos como líderes influyentes, enganchándose en conductas de adultos de manera de agrandarse. Los niños adolescentes bien aceptados pueden tener diferentes metas, alimentar las amistades  con amigos, profesores y sus padres.

Los niños que son a la vez populares y bien aceptados, se involucran en defender  a otros, porque tienen motivaciones pro-sociales y orientación relacional.

Los populares pro-sociales son descritos como no aburridos, que se visten con onda y teniendo alta autoestima social, los bien aceptados son descritos como buenos para compartir, respetar promesas y cooperar, buenos para arreglarse después de las peleas y no rabiosos ni pesados. Los estudiantes aceptados, sin embargo son descritos como un poco aburridos.

Los pares populistas son vistos como agresivos y arrogantes. Son más inclinados a tomar ventaja de los pares y ser insolentes y vulgares.

Si bien ambos tipo de pares populares tienden a ser considerados atléticos, con onda y teniendo muchos amigos,  los populares prosociales son descritos como motivados por el estudios, ayudadores y amistosos. Los populistas son descritos como teniendo más poder de liderazgo e influencia que los pares prosociales. Los adolescentes iniciales tienden a priorizar las metas de estatus por sobre otras motivaciones, incluyendo la amistad, las relaciones románticas o la compasión sobre compañeros menos afortunados. Algunos  adolescentes se ven inclinados a violar normas para ser populares y se interesan más en ser populares que en caer bien a otros, lo cual tiene implicancias en comportamientos hacia pares y conductas que incrementan el riesgo.

Hay una clara diferencia entre ser socialmente aceptado y ser popular. La aceptación social y la popularidad pueden compartir un número de atributos, tales como buen liderazgo y sociabilidad,  sin embargo, la popularidad puede ser asociada a diversas formas de agresión física y relacional. Los niños populares muchas veces caen mal a los pares, no así los aceptados, que son del agrado de los compañeros.

EL RECHAZO DE PARES.

Los niños rechazados, que no le agradan a los pares,  a menudo tienen déficit de habilidades y problemas conductuales que les hacen difícil  hacer amigos y ganar aceptación. Pueden quedar atrapados en un espiral negativo en el cual esas conductas llevan al repliegue social y a la victimización de parte de los pares, lo cual les resta oportunidades de aprender habilidades sociales positivas y contribuye a generar sentimientos de soledad, resentimiento, ansiedad, depresión y alienación.

Los niños rechazados pueden ser difíciles de ayudar porque a menudo los adultos los consideran molestos para sus pares. Si bien los niños tranquilos despiertan protección y apoyo de los adultos, los niños ansiosos pero intrusivos y actuadores no logran elicitar esas respuestas. Más bien despiertan poca simpatía,  y de alguna manera se considera que obtienen lo que merecen de parte de los pares por su actitud molesta, bajo la suposición de que esta experiencia les permitirá aprender. Es importante que los adultos vean más allá de las conductas odiosas de los niños y examinar los déficits de habilidades y ansiedades que coexisten o alimentan el problema conductual. Reconocer la incompetencia social  que acompaña el rechazo de pares es un paso esencial para diseñar un plan de intervención. A menudo estos niños tienen deficiencias en la capacidad de regular los afectos negativos en el contexto de interacciones interpersonales.

Las conductas inmaduras, de falta de atención y de ansiedad social resultan muy rechazables para los pares. No es tanto la conducta tímida la que genera rechazo o exclusión, sino más bien las conductas extrañas, que son intrusivas y que reflejan falta de sensibilidad a las expectativas de los pares, falta de comprensión de las convenciones sociales, deficiencias en la habilidad de leer claves sociales y a menudo altos niveles de ansiedad social

Los pares influencian el desarrollo de niños rechazados de las siguientes maneras:

  1. Se involucran en conductas que afectan las respuestas del niños rechazado, mediante procesos de modelamiento, refuerzo selectivo y provocación
  2. Los pares desarrollan etiquetas  que afectan la forma en que ellos perciben, evalúan y se sienten acerca del niño rechazado, así tiñendo su respuesta a aquellos niños de manera negativa.
  3. Los pares controlan los espacios de oportunidad social disponibles para los niños rechazados, de manera que influencian el tipo de  experiencias de aprendizaje social que pueden tener los niños rechazados.

Los pares influencian la forma en que los niños rechazados inician y responden interacciones. El ciclo coercitivo no tiene ganadores. Los pares se relacionan con el niño rechazado de maneras que pueden provocar  y reforzar comportamientos intrusivos y agresivos.

Cuando la conducta intrusiva es recompensada con atención, o si la conducta agresiva provee un respiro frente al antagonismo o las demandas, esos pares dan a su conducta un valor social. Permitiendo sentir cierta ganancia.  Los pares influencian las conductas de los niños a través de las expectativas que desarrollan que afectan sus respuestas. Imágenes o reputaciones negativas reducen las oportunidades de cambio del niño rechazado y contribuyen a la generación de profecías auto-cumplidas. Los pares limitan la disponibilidad de oportunidades de vinculaciones positivas, dejando a los niños rechazados fuera de interacciones, lo  que contribuye a  aumentar sus déficits interaccionales, llevándolos al aislamiento. Además los niños rechazados forjan alianzas con otros niños que tienen déficit sociales, desarrollando interacciones de baja calidad que provocan fallas. Las experiencias que los niños tienen con sus pares y sus interpretaciones de aquellas experiencias afectan el desarrollo de la percepción e imagen de sí mismo y de sus creencias acerca del mundo social. Las representaciones internas que los niños construyen acerca de su mundo social dan forma al funcionamiento social y determinan cuánto las experiencias negativas con pares contribuyen a  generar estrés psicológico, incluyendo ansiedad y depresión.

Los niños con relaciones interpersonales problemáticas a menudo desarrollan esquemas relacionales que contribuyen  a sus dificultades sociales, limitando su capacidad de sentirse seguros y conectado con los pares, interfiriéndose su habilidad para balancear autonomía, y reduciéndose su capacidad de adaptación y confianza en el acercamiento interpersonal.

INTERVENCIONES.

Para apoyar a los niños rechazados los adultos deben tomar medidas que reparen los problemas de relación que activan el rechazo crónico, conductas hostiles hacia los estudiantes y la victimización. Primero se deben realizar intervenciones para aumentar la competencia social y a la vez reducir los problemas conductuales. Luego se debe considerar el rol del grupo de pares, reconociendo y tratando el rechazo de los pares como una dinámica interpersonal con interacciones y procesos sobre los cuales se puede actuar. En tercer lugar, las intervenciones deben buscar los espacios de oportunidad social disponible para el niño, y focalizarse en construir habilidades de establecer amistades y lograr aceptación social.

La intervención no se puede solo enfocar a reducir el problema de conducta sino que identificar las ansiedades y los déficits de habilidades. Es importante buscar medios para mejorar el estatus social del niño y la calidad de sus relaciones interpersonales, promoviendo actitudes prosociales, habilidades de comunicación, regulación de la emoción, comodidad interpersonal y autocontrol conductual, reduciendo las conductas agresivas o disruptivas.

Dado el carácter sistémico de su funcionamiento, es muy difícil que logren cambiar sin alterar el contexto interpersonal de manera de proveer al niño un set de experiencias interpersonales diferentes que apoyen  la reestructuración de los esquemas. Además se debe identificar la forma en que las creencias acerca< de los otros y acerca de sí mismo están manteniendo la dinámica de rechazo.

Para lograr cambios se sugieren algunas estrategias:

  1. Prestar atención a las características del niño, las diferentes habilidades (cognitivas, emocionales, sociales) que necesita desarrollar para lograr relaciones de pares positivas
  2. Involucrar a los pares efectivamente en el cambio; creando oportunidades para interacciones positivas, favoreciendo nuevas amistades, redes de pertenencias y espacios de oportunidad social. Promover actividades basadas en la cooperación en las que cada uno tenga un rol complementario e interdependiente, que genere aportes y valoración mutua.
  3. Ayudarle a inhibir comportamientos que alteren a los demás en el contacto interpersonal con ellos, ya sea porque los irriten, los aburran, los hagan sentirse invadidos, intimidados, o generen una sensación de extrañeza o vergüenza ajena.
  4. Crear interacciones en los que los niños y jóvenes puedan mostrar distintas facetas de sí, en especial dimensiones más personales como hermanos, mascotas, vacaciones, abuelos, etc., de manera que se favorezca la personalización del vínculo y la identificación mutua, al sentirse que hay más cosas en común

 

CONCLUSIÓN.

Se ha revisado el componente relacional y características individuales de jóvenes populares y rechazados, pudiéndose concluir que existe una dinámica dialéctica entre lo individual y lo relacional. El grupo da una identidad a sus integrantes, erigiéndolos como populares o rechazados  en la medida que el individuo interpreta sus ideales o no demuestra comportamientos o atributos asociados a ellos. La popularidad se mueve dentro de un rango de funcionamientos que expresan actitudes más y menos pro-sociales. En términos metafóricos se podría comparar la popularidad con el uso de energías limpias versus contaminantes. Para lograr popularidad se pueden usar “energías limpias” de actitudes prosociales, deportivas, liderazgo, solidaridad, entre otras, o bien actitudes trasgresoras, competitivas, agresivas, y provocadoras, que representarían energías “contaminantes” que dejan una huella en la salud mental personal o de otros, una huella de contaminación en el “ambiente” social,  al crear inseguridad en otros, resentimiento, dependencias, etc. En el caso de los niños rechazados, aparece una expectativa de popularidad  buscada de manera inadecuada, expresándose comportamientos rechazados por los pares y que el grupo no valida como vía a la popularidad, al tiempo que hay carencia de funcionamientos que den cuenta de habilidades sociales que son críticas para sostener un estatus satisfactorio y aceptación en el grupo.  Es importante que el ambiente adulto y los pares asuman una actitud activa para generar espacios, condiciones y oportunidades para que el niño rechazado puede expresar otros aspectos de sí, adquirir un mejor repertorio interpersonal y lograr inclusión y validación social que le permita calmar sus angustias, responder a sus necesidades y sentirse parte de su comunidad. Actividades cooperativas representan una herramienta muy significativa para la inclusión de niños rechazados.