TRAYECTORIA DE VIDA DEL PROFESOR; EVOLUCIÓN DE LA IDENTIDAD INDIVIDUAL Y PROFESIONAL.

La vida del docente, como la del cualquier profesional que responde al llamado de una vocación, es un continuo proceso de diálogo entre la teoría y la práctica, confluyendo ambas para darle un sentido a la práctica pedagógica que permita una verdadera realización.
El profesor novato, cargado de idealismo, compromiso y frescura en su práctica, va construyendo su identidad sobre sus éxitos o fracasos, enriquecida con la relación que establece con sus alumnos. Va adquiriendo paulatinamente un sello característico que da sentido y valor a su identidad. Nos encontramos así con el profesor amigo, o con el “buena onda”, la profesora mamá, la lola alegre, el catedrático riguroso, el sabio profundo, el auténtico o el sencillo. Considerando las diferentes y complejas dimensiones que se conjugan en el espacio docente, estas identidades pueden ser construcciones personales que ayudan a superar las tensiones que genera el contacto con alumnos, apoderados, colegas y directivos.
Si bien es inevitable configurar un perfil característico o ropaje psicológico propio, en algunos docentes estos sellos o estilos pueden rigidizar su evolución personal y profesional, obstruyendo su maduración e impidiendo el verdadero enriquecimiento personal que significa la experiencia y la labor formativa. Refugiarse en su rol de instructor indudablemente empobrece su tarea, puesto que para aprender de la vida es necesario aprender del ser humano, contactarse con sus alegrías, dolores, deseos, anhelos y angustias. Se puede crecer como docente en la medida que éste se comprometa con la vida de sus alumnos, intentando aportar algo de luz a tantos y tantos estudiantes que dan vueltas a oscuras en busca de algo que les permita dar sentido a sus vidas. El mero paso del tiempo en la vida del docente, no significa sabiduría o crecimiento. Es necesario tener una actitud abierta a la experiencia, al contacto con las emociones propias y de los demás. Esa es la huella diaria de vida que deja esta actividad. Crear espacios para la reflexión, el diálogo entre compañeros, la lectura, el perfeccionamiento permanente, resulta un verdadero abono para el crecimiento personal y el mantenimiento de una actitud humanizada frente a la realidad que demanda permanentemente. Trabajar cuidadosamente para evitar el desgaste profesional debe ser una de las metas, para que esta noble labor en vez de consumir, alimente a los profesores. Dentro de la construcción de la identidad del profesor, la posibilidad de tener la experiencia de comunidad o grupo de apoyo representa una herramienta valiosísima. El grupo ayuda al profesor a valorase, a descubrirse, a soportar y superar las adversidades. La solidaridad representa una experiencia que permite salir adelante y recuperar el entusiasmo cuando el cansancio y las inquietudes de la vida se dejan sentir.
Si predomina el individualismo y la identidad defensiva, el profesor verá pasar los años y se dará cuenta que aunque al parecer ha cumplido su deber profesional y ha mantenido su dignidad, no habrá construido vínculos profundos con sus alumnos ni con sus colegas, se habrá refugiado en una fachada para estar a salvo de la crítica y del dolor. Ese camino no dejará una huella positiva en sus estudiantes y le habrá envejecido el alma. En el fondo de su ser habrá una frustración que dejará en su rostro una seña de desencanto. Sólo si se ha abierto a la vida y ha entregado de su ser además de su saber recogerá los frutos de la gratitud, la estimación y el sincero respeto de sus alumnos y colegas. La identidad del profesor se irá perfilando como un reflejo de su ser, como la huella de su hacer, forma de proceder y relacionarse con los otros y con la vida. Se completará en un diálogo con los otros expresado en el reflejo que le dan los demás acerca de cómo lo ven, las emociones produce en ellos y cuánto sienten que de él han recibido. El contacto con el ser interior le permitirá desarrollar conciencia de sí mismo, escucha de sí y de los otros, tolerancia y comprensión. Y finalmente quedará una sensación positiva de unidad con los demás, una actitud de compasión que expresión de una forma de gratitud y amor a la vida, expresión de la experiencia de haberse perdonado y haber perdonado las debilidades de otros, es decir amor por los demás seres humanos, compañeros de viaje. Así con el correr de los años y ya atemperada su personalidad que ha sido aceptada, habrá construido una nueva visión de sí menos omnipotente, más humilde y más centrada en lo que realmente ha sido de valor en la vida. Si al finalizar su carrera y después de haber entregado su ser y su conocimiento a muchas generaciones cuenta con la gratitud y el reconocimiento de sus alumnos, todos sus desvelos habrán valido la pena.

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